San Silvestre Vallecana

DorsalesSi, al igual que nuestros compis de fatigas, Olga y yo nos encontraremos el próximo diciembre corriendo la San Silvestre Vallecana. Sí, sí, con nuestros chicos de la tercera edad.

¡Preparados, listos… Ya! Así comenzará la carrera con participantes de las veintitantas residencias de CM.

La semana pasada me llamaron, desde el cielo (coordinación de centros), para ver el recorrido que se va a realizar. El objetivo es recorrer 3 km por un parque. Eso sí, en el barrio de Vallecas.

Al principio pensé: “¡Qué buena idea!”. Pero, cuando llegué al susodicho parque, vi que tenía ciertas dificultades. Unas cuestecitas “rompe piernas” de nada, zonas “barrizales” y alguna que otra alteración del terreno más… Y me fui un poco preocupada a mi centro de trabajo, pensando: “No se yo cómo vamos a salir de ésta, y si mis chicos estarán dispuestos a la actividad”.

Estuve dando vueltas al asunto y un poco por mi y un poco “obligada”, el caso es que seleccionamos a los residentes más válidos y les propusimos la actividad y …¡Oh!…, sorprendentemente todos los elegidos dijeron que “Si”.

Y ahí estoy, entrenando dos veces en semana. Saliendo a andar por un parque cercano al centro. Ayer salimos a entrenar. Y, para mi sorpresa, dos residentes del equipo “se dieron a la fuga”.

Cuando llegamos el resto, les pregunté qué había pasado. Escuchando la versión de cada uno no daba crédito:

-Boni, vino el otro día diciendo que, el recorrido, él se lo hacía en 50 minutos (5 km). Para que él no presuma, hoy le he demostrado que yo puedo batir el récord. Y lo he hecho en 45 minutos -dijo Basi-.

Ya veis, como niños, se han picado.

¡¡¡Qué competitividad!!!

La verdad es que están emocionados con la nueva actividad. No dejarán nunca de sorprenderme. Ya os contaremos cómo salimos de la I San Silvestre Vallecana para Mayores, o San Gerontocana o San Gerivestre, o …

 

Ella nunca lo haría…..

Que curiosa es la vida!

Una madre se esfuerza y da todo de su ser por su hijos. Toda una vida luchando, trabajando de sol a sol en el campo, cargando a su espalda con el bebé, y de la mano colgada la hija mayor, recorriendo unos cuantos kilómetros hasta llegar a esa tierra q cultivar, segar,,, o lo que hiciese falta para llevar un jornal a casa. Cuando terminaba la faena vuelta a cargar con los niños, cansada, y a empezar con la casa. Teniendo que aguantar la embriaguez del mal llamado esposo, que se quedaba después del trabajo en la tasca mas cercana del pueblo.
Cuando S. se hartó, de esa mala vida, de maltratos, abusos, hizo un atillo con sus pocas pertenencias, cogió a sus hijos y se fue a la capital. Sola, sin tener a quién recurrir, de quién tirar para pedir ayuda, pero eso no le importó.
En la capital, también trabajó de sol a sol, fregando, asistiendo, pero tenía el consuelo q sus hijos estaban bien, pudo darles unos estudios, y colocarse en un trabajo, pero…..S. No pudo librarse de una lacra, su bebe, el hijo pequeño tenía el mismo problema q el padre con la bebida. Durante toda la vida S. apoyo a su hijo hasta decir basta, incluso enfrentándose a su otra hija, lo cual provoco, desgaste en la relación.
Así, fue como S. protegiendo a su hijo como lo hubiese hecho cualquier madre lo acogió en su casa, ya que él había lo perdido todo. Hasta qué un día de repente S. se enteró que su hijo le había vendido la casa por la que había trabajado tanto.
Ese fue el motivo, por el cual S. vino hace un mes, pero vino sola, la dejaron en la puerta con su maletita, no esperaron a despedirse, a conocer el nuevo hogar de su madre, aquella que se sacrificó tanto por los dos.
S. esta intentando por todos los medios, normalizar su vida, pero sus recuerdos, sus preguntas de porqué, qué ha hecho mal, para no merecer ni siquiera un beso de despedida, un adiós, una llamada .

Al final del camino

Ayer llego, J.L. la mandaron desde el hospital para terminar su vida en la que será su última casa.cuidados paliativos, escucha
Era tarde y hacía frío. J.L Llegó en ambulancia y, destemplada, llegó a su habitación. Habitación, en la cual, vive con su compañera que no entiende por qué a J. se le realizan unos cuidados especiales, o por qué el personal se vuelca de manera especial. Así que decide llamar la atención abriendo ventanas, haciendo ruido ¡Que injusto! Pero así nos volvemos cuando somos mayores, siempre queremos ser nosotros los especiales .

Si, no entiende esos cuidados, que una persona en sus últimos días necesita, no sólo sanitarios, sino de escucha tanto a ella como a la familia, de periodos de silencio, de llantos, de recuerdos. Esos momentos de dolor que, sólo pueden ser controlados por esas bombas cargadas por el equipo de ESAD compuesto por médico y enfermera. Profesionales especialmente entrenados para, además de paliar, escuchar,  dedicar el tiempo que normalmente no se puede dedicar en una consulta.

Desde mi pequeña parcela, subo cada día con la esperanza de poder aliviar en todo lo que pueda, con un leve movimiento, al poner una almohada para descargar la postura que ella no puede corregir, escuchar lo que siente en ese momento, sus preocupaciones, sus pequeños deseos, tan pequeños, como pasar unos minutos fuera de la cama. Y ella, agotada por el esfuerzo que le supone vivir te regala una pequeña muesca en su rictus, o una mirada que te dice GRACIAS. Gracias por haberme movido ese brazo, por….por estar ahí, ahí cuando la tendencia en general del moribundo es dejarle en su cama.

Eso, eso son los cuidados paliativos. Bueno no hay mucho que enseñar, creo que todos de distinta manera realizamos nuestros cuidados que no son tan especiales como creemos, sí pensamos que realmente lo que hacemos es HUMANIZAR los últimos días de vida de una persona. Lo difícil es saber parar el ritmo que llevamos diariamente, y dedicar tiempo a algo que no es específico de ninguna categoría, sino de todas en su conjunto, DAR AMABILIDAD, CONFORTBILIDAD… Lo mejor de nosotros.

Quiero ir al baño!!!

Quiero ir al baño!!! Me dicen diariamente, muchos de los residentes q bajan a fisio. Lamentablemente, no tengo un baño cerca donde ellos puedan acudir o ser llevados, pero creo que eso no justifica el ” no te preocupes, llevas pañal” cada vez que oigo esa frase me echo a temblar.
No entiendo, no me puedo explicar el porqué; por comodidad, por no subir y bajar. No se, pero me parece que, con respecto a lo que concierne al usuario es lo más denigrante que puede sufrir un ser humano dejar de controlar los esfínteres de manera voluntaria y lo peor, estimulada por el personal. Cuantas veces han tenido que sufrir la mala experiencia del desbordamiento o mala colocación del pañal, dejando un reguero cuando caminan por las paralelas. Y venga! Arriba vestidos delante del todos los demás, sin pudores para colocar ese pañal extraviado.
O esas caídas desde la cama, por necesidad imperiosa de llegar al WC, que está tan cerca y a la vez tan lejos. Se oye, señoritaaaa, quiero ir al baño, y se escucha a veces la callada por respuesta, así que deciden ir a la aventura ya con muchas prisas porque no llegan, sin ponerse las zapatillas, o en chanclas o ya con ciertos escapes y cuando la suerte les abandona, cataplum!! Al suelo.
A la mañana siguiente tengo una nota en la mesa recomendándome que valore junto con el servicio médico considerar alguna sujeción para evitar esa caída y tener el menor índice posible. Y me pregunto yo, ya que son pocos los casos (los de necesidad imperiosa) ¿no sería más fácil pasar por el WC al acostarse, a las doce por ejemplo y en la madrugada? A veces me pongo en el caso y pienso son demasiadas horas, y estar humedecido debe ser tan desagradable sensación que yo me levantaría como fuera, saltaría barandillas o cualquier otro impedimento.

No soy una entendida en incontinencia, pero esta frase ” llevas pañal” o ponerlo por protocolo a personas continentes cuando están en la unidad de enfermería, no creo que ayude mucho. No?.

Bueno ahí queda eso, es un tema difícil, pero creo que importante para la integridad de la persona.

Lo que la gente quiere escuchar

www.vivastreet.clAntonia, mujer, 107 años, la más joven de mis chicas, motorizada con su silla de ruedas porque su corazón está débil. Camina paseos cortos en su habitación, hace crucigramas, baja a las actividades con ayuda de alguien para empujar su silla de ruedas. En fin, una vida tranquila dado su delicado estado de salud.
La semana pasada, Antonia fue al médico para sus revisiones rutinarias. Le comentó al Doctor que no entendía por qué casi no andaba y se asfixiaba al hacerlo, por qué no podía bailar o por qué no podía participar en las actividades de la residencia como hacía antes.

– ¿Por qué Doctor? ¿por qué? Si yo no me he caído.

– Eso, eso, dijo la hija que con sus 86 años no entiendo por qué mamá está dejando de hacer cosas. ¡Pero si está estupenda!

Es cierto, Antonia para su edad, está “estupenda”. Pero no entienden, ni ella ni la familia, que el cuerpo tiene una capacidad y limitación, es decir, un desgaste.

Bueno, el caso es que el Doctor, yo creo que por no saber como no desilusionar a Antonia y a su hija- ya que se sentirían mal si el médico le hubiese dicho que con pasear y hacer AVD es suficiente- le preguntó:

– Antonia, ¿tiene usted fisioterapia en la residencia donde vive?

– Si, si -dijo la hija-.

– Pues nada, le mandamos unos ejercicios para que pueda realizar esas actividades que me dice.

Así que, tan contentas se vinieron a casa.

En cuanto llegaron, la hija bajo directamente hablar conmigo para que Antonia empezase cuanto antes. Me dijo que el médico le había recomendado hacer pedalier, ejercicios, etc…Yo le dije que en el estado de Antonia -gran cardiópata, problemas respiratorios y otras cuantas cosas más- no debía realizar mucha actividad. Con que caminar por la planta, para mi sería suficiente, ya que dependíamos de las horas pautadas de oxígeno. Ante la negativa y mala cara de la hija, le dije que intentaría hacer ejercicio suave con ella.
Así fue, primer día de fisio: Antonia bajo guapísima, maquillada, arreglada en su silla de ruedas. Y, cuando la puse delante de las espalderas, para ir empezando con ejercicios de bipedestación, Antonia se asfixió.

“Bueno, vamos a las paralelas”, pensé “A ver qué tal se nos da” Igualmente, al levantarse y dar dos pasos pasó lo mismo.
Seguimos intentándolo, día tras día, para ver la adaptación al esfuerzo poco a poco. Pero no conseguimos superar el primer paso.

Un día, causalmente estábamos trabajando con Antonia y entró la hija. Vio cómo su madre hacia un esfuerzo titánico para realizar el poco ejercicio que habíamos pautado. Incluso llego a desestabilizarse. Pero como si nada.

Entonces yo me pregunto, ¿porqué muchas veces cuando el paciente/ residente/ familia no es consciente de sus limitaciones, no se le dice la realidad de sus capacidades? Sé qué nuestro trabajo es mantener la actividad para mantener la independencia en la vida diaria. Pero yo, en aquel caso, me dije “Si yo tuviera estos años en estas condiciones cardíacas y pulmonares, la verdad es que me conformaría con tener una vida dentro de mis capacidades”. Es decir, no dejar de hacer nada pero a mi ritmo. Dar mis paseos sin asfixiarme, moverme por mi habitación pero sin tener que hacer grandes esfuerzos que me supongan estar las siguientes horas estabilizandome…

¿Nos os parece?

Zapatitos de charol

¿Zapatos? Que importante es la forma, el ancho, la altura, si son abiertos o cerrados,

20131024-125914.jpgel olvidado puente….Nunca me había fijado en el tipo de zapatos que usa la gente, hasta que empecé a trabajar con mis chicos.

Cuando trabajas con ellos, te das cuenta que no todos valen, observas que usan zapatos que no son de su número, o llevan tacón, o simplemente están modificados con un corte realizado en un momento determinado .

Cada vez que hay que comprar calzado, insistes a las familias y trabajadores sociales que les “recomienden” zapato ancho, cerrado, sin cordones, ajustados, es decir, de su número, que no tengan la suela de piel para evitar resbalones, sino suela de goma aunque ésta tenga más posibilidad de trabarse en el suelo e interrumpir de forma imprevista la marcha.

Así fue como, un día, le recomendamos unos zapatos ” geriátricos ” a Carmen. Le dijimos cómo debían ser los zapatos para evitar las posibles caídas. No reparamos en que Carmen, había sido bailarina en sus tiempos mozos  y que, dentro de esos parámetros que le habíamos aconsejado, daría importancia a la estética de dichos zapatos.

Así que un buen día, Carmen bajó a fisio con sus zapatos nuevos. ¡¡Si!! eran de su talla, cerrados y tipo deportivos pero lo más sorprendente es que eran rojos de charol, como ella me dijo: “Se negaba a llevar zapatos de mayor”. A ella le encantaban los zapatos y había intentado ajustarse alas características que le dijimos pero sin renunciar a la estética.

Esto es lo que merece la pena de mi trabajo, que tiene la capacidad de sorprenderme diariamente, como los niños.

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Liada con la Fisioterapia Geriátrica

Mayores

Mayores

Buenas… Yo soy la cuarta en discordia. Me llamo Ángeles y también trabajo diariamente con mis “Chicos de la Edad Dorada”.

¿Qué cómo terminé en Geriatría? Buena pregunta.

Pues bien, como todos los recién diplomados (salvo Olga, que es un poco rarita, jajaja), quería trabajar en fisioterapia del deporte, o neurología, o estar en un gran hospital viendo un montón de patologías, cuanto más variadas mejor.

Nunca, si soy sincera, me planteé trabajar con mayores. Lo primero porque en la facultad es un campo que estaba un poco olvidado. Pero, las casualidades de la vida, uno de mis primeros trabajos fue en una residencia. Y…

Descubrí una parcela de la fisioterapia que nunca me había planteado, donde descubrí que debes hacer un popurrí de todas las demás áreas, como trauma, neuro… Incluso se me mostró un campo tan descuidado -en fisioterapia-, como son los Cuidados Paliativos. En él, pocas son las veces que la fisioterapia está presente.

Y, la verdad es que me fui “enganchando”. Descubres al final que, aparte de dar tu tratamiento, sin darte cuenta te vas convirtiendo en su fisio, su confesora,… Y eso, por lo menos a mi, te llena.

Como dice mi compi Olga, no todo son sillas de ruedas, andadores y pañales. También podemos disfrutar con ellos cuando realizamos excursiones al campo, al cine o a los bolos ¡Es genial verlos disfrutar! Ya que muchas veces lo hacen por primera vez.

Todo ésto hace que merezca la pena la Fisiogeriatría y, por tanto, este blog donde me he embarcado junto con estos tres experimentados chicos.

La verdad, aún con miedo, estoy encantada de compartir esta experiencia.