RESIOLIMPIADAS

 

20141113_234329  A los que seguís este blog no os sorprendera que vuelva a escribir sobre una actividad fuera de la residencia, ¡y no será la última!. Y no soy el único, sino mirad Nos vamos de excursión de mi compañero Gabriel.
En este caso os hablaré de la prueba deportiva por excelencia ¡”LAS RESIOLIMPIADAS”!.
Este ha sido un evento compartido de todas las residencias de Castellar (la población donde trabajo). Constaba de 5 pruebas; Musical (reconocimiento de canciones predeterminadas), Motricidad fina (separación de garbanzos, macarrones y judías), Relevos (pase de pelota en equipos de 4), Diana (una gran diana en el suelo a la que hay que lanzar unas fichas grandes de plástico) y Lanzamiento a canasta.
La verdad es que vistas desde una óptica de espectador son solo 5 pruebas sencillas y lúdicas, desde el punto de vista profesional son una importante cantidad de dianaposibilidades que se abren de colaboración multidisciplinar, elementos motivadores para los residentes… Empecemos por el principio.
Para conseguir llegar al final de este camino es necesaria una idea, ganas de hacerlo, muchas reuniones de coordinación entre un representante de cada residencia (en nuestro caso Ana Valiente, la educadora social a la que desde aquí felicito por el trabajo hecho) y, sobretodo, ganas de participar de los esforzados atletas ( a veces un poco forzadas por los “pesaos” que insistimos en que lo hagan).
En nuestro caso, y en el del resto de residencias, las pruebas nos han permitido introducir un cambio en la rutina habitual de trabajo. Su diseño estaba pensado para poder trabajar objetivos “atribuibles” a las competencias de la mayoría de los técnicos. Nuestra decisión fue, “entrenar al mayor número de residentes en todas las pruebas posibles y no hacer los equipos y determinar los participantes hasta el último momento. Con esto pretendíamos poder utilizar este entreno como acciones terapéuticas más allá del mismo evento.
Nuestra metodología de trabajo ha sido la de la participación de más de un técnico en la realización de las mayorías de las pruebas, de esta manera podemos asegurar el cumplimiento de los objetivos comunes y particulares de cada uno de los profesionales, dando valor al diseño multidisciplinar de las actividades y de esta manera convertirse en acciones terapéuticas para mas de un profesional a la vez.
En mi opinión ya hace demasiado tiempo que pensamos en el trabajo en equipo como la unión de unos compartimentos estancos en que de cada uno de ellos extraemos unos beneficios concretos para el residente/paciente. Se trata de una manera muy parcial de mirar el modelo de atención al verdadero centro de nuestro tratamiento; LA PERSONA. Para que realmente nuestras acciones estén dirigidas al beneficio de la persona, estas deben abarcar la totalidad de los ámbitos de su vida y en todo momento y eso solo es posible influyendo de manera coordinada en todas las actividades que realiza la persona en su día a día, desde la más básica hasta la más lúdica.
Esta actividad nos ha permitido explorar mejor la posibilidad de las actividades interdisciplinares y que en este momento estemos iniciando un par de ellas. Ya os ire contando.
Para ello también necesitamos direcciones, como la mía, que sepan valorar esta manera de proceder y nos permitan realizar estas funciones de diseño y aplicación de estas actividades así como compañeros como los mios. Eso significa tiempo y apoyo y no siempre contamos con ambas cosas.
¿Os imagináis una persona que hace años que no participa en ninguna de las actividades del centro y que prepara y participa en 2 pruebas de las resiolimpiadas? No os digo la cantidad de tiempo de tratamiento, prevención,  evaluación,  intervención. ..que nos ha regalado esta actividad en este y en otros muchos residentes y, lo mejor de todo, el punto de enganche que supone para futuras intervenciones.resiolimpiades

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¡A tomar por culo!

Así de claro.  En pocas palabras

Ayer una paciente me mandó a tomar por culo. También me mandó -por si la opción no me gustaba- a la mierda. Mentó a mi madre (nada bonito, por cierto) y me esquivaba hasta con la mirada. De lo de las patadas, las bofetadas, los puñetazos,  tirones de pelo y los intentos de morderme el brazo, ya ni hablamos.

La familia estaba superazorada (¡Qué pijo me ha quedado!). Normal, mi madre tampoco dice tacos, agrede o insulta. Por mucho que yo les decía que no pasaba nada, no podían evitar sentirse mal, pidiendo perdón cada cinco minutos. No es fácil de asumir, ni de comprender, que una lesión en el cerebro transforme a tu madre en una bestia parda.

El trabajo, en este caso, se centra en recuperar el control de tronco, recuperar el equilibrio, para avanzar hacia una marcha mínimamente asistida…. Bueno, realmente el objetivo es mío. El marido lo verbaliza como “a ver si esto mejora y podemos volver a casa”. Y “eso” no se si se refiere a la independencia de la mujer, al vocabulario correcto, a la desaparición de la agresividad con los demás, o a todo junto.

Por tanto, una parte importante de mi trabajo es ir aunando objetivos con la familia, para que todos tiremos en la misma dirección.  Educar en dar la asistencia justa y en el momento oportuno. No proteger en demasía, no dejar que ella dirija la vida de todos con su comportamiento. Para ayudarle es necesario comprender cómo caminar con ella, como sentarse y levantarse, y dónde hacerlo y dónde no. 8421394540866

También es necesario ir ayudando a buscar las ayudas externas. Un centro de tratamiento en su ciudad, una ayuda a domicilio, un centro de día. Y hacer ver que todo esto no implica que te preocupas menos. Todo lo contrario.

Yo sigo yendo, las mañas que dan los años hacen que no me lleguen las galletas. Y los conocimientos consiguen que los insultos no me afecten en los más mínimo.

Podeis pensar “¡Vaya marrón!” Yo digo “¡Menudo reto!”. Tratar a alguien que no me deja ni que la toque. No es que el tratamiento correcto sea hands off. Es que ella NO ME PERMITE HACERLO (acabo de recordar cierta serie de televisión…). Así están las cosas. Llevamos pocos días, pero creo que podemos hacer muchas cosas.

Seré rara, pero me ha puesto las pilas que me manden a la mierda.

Yo para ser feliz quiero un andador

Hace unos días, tras una intensa mañana y cuando por fin podíamos sentarnos “para escribir”, a la auxiliar y a mi nos cayó la del pulpo. Así sin anestesia.

Yo para ser feliz quiero un camión

Yo para ser feliz quiero un camión

Como si de una tormenta tropical se tratara, dos familiares entraron en la sala y al acercarse a la mesa dejaron caer suposiciones, mentiras y amenazas. Al menos primero saludaron y se presentaron. Que otros ni eso.

Tras el “Hola, somos familia de Manuel” y sin tiempo para devolver el saludo  nos espetaron:

-Mi tío necesita un andador, se lo tienen que dar. Y nos han dicho que la fisioterapeuta, usted, ha dicho que no. No está bien, arrastra los pies y si se cae tendrá que asumir las consecuencias y aceptar su responsabilidad…- Ala, todo del tirón y casi sin respirar.

– Lo primero, llevo veintidós años asumiendo mi responsabilidad profesional. Así que no tiene que recordármelo. Segundo, los andadores son de la residencia, no míos. Y no se dan, se prestan – como los había callado continué-. Tercero Manuel, lleva una semana en el centro, ha iniciado un programa de tratamiento y estamos valorando la necesidad o no de ayuda técnica y cuál es la más indicada. Y cuarto, existe un orden lógico de ayuda más leve, como un bastón, y la más importante la silla de ruedas. Hay que dar la ayuda justa y correcta. Porque podemos estar empeorando la situación.

Si, también lo solté sin respirar. De una tacada. Pero a mi no se me entra agitando delante de mis narices la responsabilidad.

Después de estas dos parrafadas, la familia se calmó y pude explicarles que lo que ellos querían no se iba a corregir. Manuel presenta una postura en  flexo tanto de cadera, como decolumna lumbosacra. De años, muchos años, de evolución. Pensaban que el andador sería la solución. Un apoyo que le hiciera enderezarse. NO he visto, en veinte años, un sólo anciano que corrija esa postura con un andador.

Recordemos que el andador es una ayuda técnica para la marcha. Le da estabilidad, descarga peso de miembros inferiores, etc. Pero no está diseñado para mantener la postura erecta. Es más, estos usuarios, adaptan su marcha con el andador a su postura. Caminan con los brazos extendidos hacia delante, alejando el andador de su situación ideal. En algunos casos, no lo alejan tanto. Pero usan el mango para apoyar los antebrazos, como si estuvieran acodados en la barra del bar,… Y seguir doblados.

Con los días, he visto que mejorar su estabilidad con el andador y se le ha prestado. Pero la postura no ha variado ni un centímetro. Al final de nuestra charla, mucho más amistoso que el inicio, creo que comprendieron que parte de lo que buscaban no se iba a conseguir.

Nadie cuida mejor que la familia

fisioterapia y mayoresTrabajar con mayores, tanto en residencia como en domicilio, tiene un librillo de frases típicas. Tan típicas que, si hago un concurso tipo “Un, dos, tres” todos las corearíais sin equivocaros.

Una de ellas es aquella de “Mientras yo pueda cuidar a mi madre, no va a una residencia. Como yo, no la van a cuidar”. Bueno, vale, son dos frases, ¡Qué observadores sois!

El caso es que ni es verdad, ni es mentira del todo. Supongamos que la parte del aseo, la alimentación, los cuidados con la medicación,… puede que sea la correcta. Aunque los cuidados de atención directa no son tan sencillos -por mucho que le pueda parecer a todo el mundo-. Si fuera así ¿Por qué tenemos auxiliares de enfermería que estudiaron para ello? Porque, en cuanto nos metemos en cosas más profundas,  la verdad se va tornando más mentira. No digo que los familiares mientan, sino que lo que pueden hacer es poco. Porque al ir subiendo en la especificidad, va subiendo la complicación y la necesidad de formación.

En los casos en los que voy a domicilio, me encuentro con mucha voluntariedad pero también mucha oscuridad. Entonces, parte de mi trabajo es indagar en qué se hace, cuándo se hace, cómo se hace y quién lo hace. Puedo ir a tratar al cuidador o al anciano. Pero en ambos casos, conocer todo eso es vital para conseguir el objetivo de mi tratamiento. Si no lo valoro y lo corrijo puedo conseguir que mi trabajo quede a medio camino.

Y la gente, cuando abres esa puerta, se vuelca. Has de tener cuidado. Dar poca información. No por egoísmo, sino porque has de asegurarte de que ha sido bien recibida y comprendida. Ya sabes mejor poco y bien. Si de golpe enseñas diez movilizaciones, diez ejercicios, …, al final mezclarán cien dudas.

Es obligado hacer una correcta formación a domicilio. A lo largo de la sesión, suelo tantear qué conocimientos, qué necesidades tienen y qué fallos pueden existir  y todavía no son conscientes. Brindar tus conocimientos suele ser muy bien recibido, nadie les cuenta nada. Nadie les dice si lo hacen bien o mal. Nadie les cuenta que hay ayudas técnicas que pueden facilitar su trabajo y cuidar su salud. Y nadie se lo dice porque sencillamente nadie se lo plantea.

Mantener a las personas mayores en su barrio, en su casa, en su familia es algo muy necesario para mantener una correcta atención en los distintos niveles. Muchos ancianos no deberían estar  en una residencia. Muchos otros deberían estar en una residencia. Pero si la atención domiciliaria se deja en manos de familiares y personas poco formadas no podemos avanzar en ese camino.

Es algo que da para un debate interesante ¿Cómo debería ser la atención a los mayores en su casa?¿Cómo orientar la fisioterapia?¿Cuál es el modelo más adecuado?¿Alguien se lo está planteando? Hay mucha tela que cortar. Siento que yo -y los que trabajan como yo a domicilio- somos parches en una atención mal desarrollada.

Lo que nunca haremos será suplir su amor.

Una sujeción sólo es eso.

Una de las cosas que con más frecuencia se plantea en las reuniones de equipo, es el tema de las caídas. Todas las semanas estamos analizando las caídas, sus motivos y sus consecuencias. El tema, teniendo el perfil de usuarios que tenemos no es baladí.cinturón pélvico

Más allá del protocolo que tenemos y de las aportaciones de todos los profesionales, están las familias. El manejo de la información, la comunicación, el trabajo fluido con ellas es vital. Y no pocas veces se producen desencuentros. Unos quieren que sujeten a su familiar para prevenir. Otros nos lo deniegan terminantemente. Sobre la mesa, las consecuencias de cada traumatismo y también las consecuencias de las medidas que se emprenden para evitarlas.

No nos tomemos a la ligera estas decisiones. Lamento que algunas familias vean en nuestra actuación un objetivo oscuro. Casi se diría que están pensando que nos queremos quitar de en medio a su padre/madre/tío o lo que sea. Otros dicen que es porque no queremos trabajar ¿Que no queremos trabajar? Acaso ¿Se han planteado el trabajo que da poner esas medidas y prevenir sus consecuencias? ¿Han evaluado el trabajo con ellas y el trabajo sin ellas? Porque yo no veo tan clara esa ganancia.

Podemos equivocarnos, claro. No somos infalibles. Pero hay que dialogar y preguntar. Preguntar por qué, preguntar las consecuencias, la temporalidad, la tipología. No es cuestión de todo o nada.

Cuando se pone una medida de sujeción no se coloca a perpetuidad. Las sujeciones se revisan, se cambian, se quitan. Una vez que se ponen se supervisan, se implica a todos los colectivos y se inician programas que buscan limitar los riesgos y poder así disminuirlos. Muchas veces, se retiran. Si, se retiran.

Una sujeción no es un demonio. Sólo es un instrumento más.

A mi madre no le ponga “eso”

Dentro del trabajo de un fisioterapeuta de residencia, al menos en la mía, está la valoración de la movilidad y su relación con el vestuario del residente. Lo que se traduce en valorar si la ropa que trae la familia se adapta o no a la movilidad del abuelo.

parodia

En una palabra, cuando se va perdiendo grado de movilidad, las piernas quedan rígidas, los brazos se doblan y la espalda se curva ¿Qué ropa es la mejor? Trabajo que compartimos con la terapeuta ocupacional del centro. En mi caso, me lleva a situaciones un tanto extrañas, como convencer a la familia sobre las bondades de unos jerseys y unos pantalones, con respecto a esos vestiditos tan bonitos y floreados que le traen.  ¿Os habéis planteado el aspecto de una abuela, con un vestido ceñidito, por la rodilla, sentada en una silla de ruedas? Pues yo os lo digo: el recuerdo permanente de la escena del cruce de piernas de “Institnto Básico”.

Es difícil asumir que nuestro padre se va deteriorando. Muchas veces escuchas aquello de que “No saben vestirle. Porque en casa lo hacía estupendamente” … hace cinco años. Pero el paso del tiempo parece detenerse en la memoria, una vez ingresan en nuestros centros. Además, hay que recordar que en casa, uno puede tener todo el tiempo del mundo. Pero, en una institución hay unos plazos para cada proceso y se deben cumplir. Y con todos los usuarios, no sólo con nuestro familiar.

Algunas veces, el problema está en la organización del tiempo, del personal, del centro en si. Pero lo que nunca haces es proponer un cambio de vestuario porque “es más cómodo para el personal”. Y eso, hay que dejarlo bien claro a los familiares. Pues muchos creen que todos nos unimos en una especie de conjura contra el abuelo. Nada más alejado de la realidad. Trabajamos con ellos, no EN CONTRA de ellos.

ropa adaptada

También se busca, dentro de la adaptación, mantener una buena imagen del residente. Otro factor es la facilidad para manipular, a lo largo de la jornada y de las distintas actividades, al residente, haciendo el menor daño posible. Pensando en asearlo, vestirlo, darle de comer, ponerle al baño, cambiarle el pañal, desvestirlo, acostarlo, cambiarle de ropa… No todo es aspecto. Hay que saber combinar los dos parámetros para mejorar el servicio que se presta. ¿Qué se busca con un vestuario más adaptado? No dificultar los movimientos que van quedando, facilitando en todo lo posible la autonomía del usuario.  Para una persona mayor, un calzado con cordones es mucho más complicado que los tipo mocasín o con velcro. Un jersey más elástico que una camisa. Con ello, puede mantener su independencia para más actividades. A todos se nos torna importante mantener esa autonomía. Los que han estado incapacitados temporalmente saben de qué hablo.

Existe otro factor a tener en cuenta. Cuando el vestuario de la persona afecta a su seguridad. Hablo del calzado. Porque el tipo de calzado ha de gustarle al dueño de los pies. Pero también ha de proporcionarle seguridad a la hora de hacer una transferencia o caminar hacia el salón común. Un calzado adaptado a su pies -que no a su edad- se hace imprescindible. Descartando muchas zapatillas geriátricas, chanclas y calcetines con puntitos para que no resbale.

El mundo del vestuario de nuestros mayores no es una pequeñez. Pues puede marcar la diferencia entre ser independiente o tener que pedir ayuda hasta para ir al baño.

 

“Obligue usted a mi madre”

Tú, si tú.

No descubro el final nuevo a nadie, si digo que nuestros pacientes terminan deteriorándose. Algunos lo hacen a raíz de una enfermedad aguda, un traumatismo, una cirugía, o similar.

Pero muchos llevan a cabo un proceso lento pero progresivo de “desinstalación de programas”. Que si vamos perdiendo una marcha funcional, que si necesito ayuda para ducharme, que si ahora resulta que necesito un pañal… Algunos llegan al reseteo completo.

Pero no quiero hablar de esos casos. Vamos a hablar de la aparición de pérdidas progresivas. De cierto deterioro achacado a la edad o a las patologías presentes en la persona mayor.

Por ejemplo, puede darse el caso de un usuario que no quiere acudir a fisioterapia. Se le ha valorado al ingreso y, no teniendo una patología aguda que requiera fisioterapia intensiva, se le oferta un programa de fisioterapia de mantenimiento de sus capacidades. Pero ese anciano no quiere acudir. No le gusta, no lo conoce, no le da la gana (si, si, puede que no le venga en gana, pasa a otras edades ¿por qué no va a pasar a estas?) . Pues no pasa nada. En mi caso, periódicamente, y dado que creo en los beneficios de lo que ofrezco, recuerdo el programa. En algunos casos, el roce hace el cariño y termina acudiendo. Otras veces, nos quedamos con el cariño y punto.

Pero cuando aparece una pérdida, por ejemplo una marcha más lenta o fatigosa, el uso de un bastón o un andador, la familia se pone nerviosa. Y acuden a ti para “solucionarlo”. Cuando les dices que el residente en cuestión no quiere, te responden con un “lo que tiene que hacer es obligar a mi padre”.

empujar

¿Obligarlo?¿Yo?¿Obligar a ir a un tratamiento? ¿Haríamos lo mismo con todo? Yo creo que no. Que no debemos. Por encima de mi criterio profesional, y la opinión del hijo, está la decisión del usuario -siempre hablando de un anciano cognitivamente capaz-. Por mucho que veamos la aparición de una carencia, la decisión le pertenece.  Además, el efecto puede ser contraproducente.

Yo prefiero buscar el convencimiento por la técnica de guerrilla. O más bien tipo Gila “Se de alguien que haciendo algo, mejoraría”. O el modelo Schweppes “Será que lo has probado poco”.

¿Han probado a levantar de una silla de ruedas a un abuelo, en contra de su voluntad?  Una me soltó que ya había desterronado mucho en el campo y que no quería trabajar más (y eso que le expuse todas las consecuencias que trae el dejar de caminar) ¿Qué objeto tiene que la fisioterapeuta deje en las paralelas un par de vértebras? No cuela lo de “Es por tu bien”. Saben latín. Les recuerdo que han vivido el doble que yo y se las saben casi todas.

Por debajo de esa orden perentoria de la familia, en muchos casos, subyace la necesidad de no ver el deterioro de su familiar. Asumir el principio de una pérdida de capacidad en un mayor, nos suele llevar corriendo hasta el final. Es decir, si empieza con problemas, mañana dejará de comer, pasado en la cama y al otro al cementerio. Y eso es correr mucho. La cabeza nos juega esas malas pasadas.

Pero es necesario asumir también el envejecimiento de nuestra madre o padre. Es necesario aceptar para poder ayudar. Y nunca olvidar escuchar al interesado, ver sus razones, discutirlas si es factible y respetar el resultado.

Tranquilos, yo seguiré intentando convencerlos.